La evolución del Pomerania: una metamorfosis que puede durar años
Del cachorro al adulto: cómo cambian su estructura, su expresión y su manto con el paso del tiempo.
La evolución del Pomerania puede ser tan marcada que ver al mismo perro con cinco meses, un año, tres años u ocho años puede hacer pensar que estamos ante perros diferentes.
Por eso considero especialmente importante documentar cada etapa con fotografías. No solo porque es bonito conservar ese recuerdo, sino porque permite comprender la evolución real del perro y evita interpretar como un problema cambios que pueden formar parte de su desarrollo natural.
La pérdida temporal de volumen, el alargamiento visual de las facciones o una etapa con menor densidad no significan necesariamente que el perro vaya a tener poco pelo o que algo esté funcionando mal.
En el Pomerania, la paciencia forma parte del proceso.
Dos fenotipos con evoluciones muy diferentes
Cuando hablamos de evolución debemos tener en cuenta que actualmente encontramos dos tipos visuales muy diferenciados: un fenotipo más primitivo o tipo zorro y un fenotipo más actual, conocido popularmente como tipo oso. No evolucionan de la misma manera. Por eso comparar dos cachorros únicamente por su edad puede llevarnos a conclusiones equivocadas.
El Pomerania de fenotipo más primitivo o tipo zorro
Su evolución suele ser más cercana a la estructura tradicional de la raza. Desde el nacimiento presenta una capa de pelo lanoso relativamente adherida al cuerpo y, con experiencia, pueden empezar a observarse determinados rasgos que ofrecen algunas pistas sobre su posible evolución.
Un criador experimentado puede intuir desde edades muy tempranas si ese cachorro tenderá a presentar mayor o menor densidad de manto, así como hacerse una idea aproximada de su tamaño futuro. Sin embargo, la genética siempre tiene la última palabra y el crecimiento puede ofrecer sorpresas.
A los dos o tres meses ya empiezan a apreciarse algunos rasgos
- La estructura corporal.
- La longitud de las extremidades.
- La forma y anchura del pie.
- El tamaño y posición de las orejas.
- La forma del cráneo.
- La longitud del hocico.
- La densidad inicial del manto.
Estos elementos pueden orientarnos, pero no permiten predecir con absoluta certeza cuál será el resultado adulto. El tamaño definitivo, especialmente, no debe darse por cerrado demasiado pronto: hasta aproximadamente los siete u ocho meses pueden producirse cambios que hagan variar nuestra primera impresión.
De los tres meses y medio a los siete meses: la gran transformación visual
Con la primera muda desaparece progresivamente parte del manto infantil. Al perder volumen, comienzan a hacerse mucho más visibles las proporciones reales del cachorro.
Puede parecer que las orejas han crecido enormemente, que el hocico se ha alargado, que las patas son demasiado largas, que el cuerpo está más estilizado o que ha perdido la apariencia típica de Pomerania. En realidad, gran parte de esa impresión se debe simplemente a que el pelo que redondeaba visualmente sus facciones está desapareciendo. Es una etapa de transición.
De los siete meses al año: empieza a aparecer el futuro adulto
A partir de los siete meses comienza una transformación progresiva. El pelo primario va ganando presencia, el cuerpo continúa madurando y las facciones comienzan poco a poco a adquirir mayor equilibrio. El perro sigue estando lejos de su aspecto definitivo y resulta especialmente importante no juzgarlo únicamente por la cantidad de pelo que presenta en ese momento.
De los doce a los quince meses: otro cambio importante
Alrededor del año vuelve a producirse una pérdida importante de subpelo. Aunque generalmente no resulta tan radical como la primera muda, algunos Pomeranias vuelven a presentar un aspecto mucho más estilizado: pelo más lacio, menor volumen, patas visualmente menos pobladas, facciones más angulosas y una silueta temporalmente menos redondeada.
Esta etapa puede volver a generar preocupación. Pero un Pomerania de doce o quince meses todavía no tiene terminado su manto adulto.
A partir de los dieciocho meses comienza a consolidarse el adulto
Desde aproximadamente los dieciocho meses el perro empieza a acercarse cada vez más a su estructura adulta. El manto continúa ganando longitud, densidad y equilibrio. Alrededor de los dos años podemos empezar a tener una idea bastante más aproximada del resultado adulto, aunque todavía existe margen de evolución.
Alrededor de los tres años podemos hablar de una verdadera madurez
En muchos Pomeranias, hacia los tres años la estructura física, el fenotipo y el manto se encuentran ya mucho más definidos. Aquí sí podemos observar con bastante precisión cómo ha evolucionado aquel cachorro. Pero ni siquiera entonces podemos decir que el perro dejará de cambiar.
El Pomerania continúa evolucionando durante buena parte de su vida
Un Pomerania puede presentar diferencias importantes entre los tres, los cinco, los ocho y los diez años. La densidad, la longitud, el equilibrio entre pelo primario y subpelo e incluso la expresión general pueden continuar variando.
A partir aproximadamente de los diez años, sin embargo, ya no debemos esperar grandes evoluciones a mejor. En esta etapa el objetivo cambia: ya no se trata tanto de observar cómo continúa desarrollándose, sino de conservar durante el mayor tiempo posible la calidad, la estructura y la densidad que el Pomerania ha conseguido a lo largo de su vida.
La edad puede producir cambios, pero descuidar el mantenimiento puede acelerarlos.
El fenotipo tipo oso: una evolución visual diferente
El Pomerania popularmente denominado tipo oso suele presentar desde muy pequeño una estructura de manto extremadamente densa y abundante. Su apariencia puede mantenerse visualmente mucho más estable durante los primeros meses.
Esto no significa que no evolucione. Lo hace, pero gran parte de esa evolución puede percibirse más en la estructura y maduración del manto que en un cambio tan evidente de las facciones.
Un cachorro muy peludo no tiene por qué conservar siempre ese aspecto
Muchas familias adquieren un cachorro de tres meses extremadamente redondo, abundante y espectacular. Cuando empieza a crecer y el manto cambia, pueden interpretar que el perro está perdiendo calidad, que no es el mismo que compraron o incluso que algo está mal. Y es entonces cuando aparecen decisiones precipitadas.
Por ejemplo, comenzar a utilizar suplementos únicamente con el objetivo de conseguir más pelo cuando el cachorro está atravesando una etapa normal de evolución. Un cachorro sano no debería suplementarse simplemente porque temporalmente ha perdido el aspecto extremadamente lanoso de sus primeros meses.
El tipo oso exige mucho más mantenimiento
Si un Pomerania de fenotipo más primitivo ya requiere constancia, un ejemplar de manto extremadamente denso y algodonoso puede ser todavía más exigente. No basta con que exteriormente parezca cepillado: hay que conseguir mantener todo el espesor del manto abierto hasta la raíz.
En este tipo de mantos, acudir a una peluquería profesional cada tres o cuatro semanas no sustituye el mantenimiento que debe realizarse entre visitas. Durante ese intervalo el subpelo puede compactarse y empezar a formar nudos si no se trabaja correctamente en casa.
Antes de elegir, piensa también en tu estilo de vida
A la hora de elegir un Pomerania no deberíamos dejarnos llevar únicamente por la fotografía del cachorro más exuberante. Antes conviene preguntarnos:
- ¿Cuánto tiempo podemos dedicar realmente a su mantenimiento?
- ¿Nuestro horario laboral es amplio?
- ¿Viajamos con frecuencia?
- ¿Cuántas personas forman parte de la familia?
- ¿Quién se ocupará del cepillado?
- ¿Estamos dispuestos a aprender la técnica necesaria?
- ¿Podemos mantener de forma constante un manto extremadamente denso?
En ocasiones, un Pomerania con una estructura más equilibrada y menos exuberante durante sus primeros meses puede convertirse con los años en un adulto extraordinariamente bello y, al mismo tiempo, resultar mucho más sencillo de mantener correctamente.
La evolución no depende únicamente de la genética
La genética determina una parte fundamental del resultado, pero no es el único factor. También influirán a lo largo de su vida una alimentación adecuada, el estado general de salud, el bienestar emocional, el mantenimiento de piel y manto, los baños, el cepillado, las mudas y evitar prácticas que puedan comprometer la estructura del pelo.
Por eso dos perros con una genética similar pueden llegar a mostrar diferencias importantes si sus condiciones de vida y mantenimiento han sido muy distintas.
No juzgues una etapa como si fuera el resultado final
Un Pomerania de cinco meses no es un Pomerania adulto incompleto. Es simplemente un Pomerania de cinco meses atravesando una etapa que necesita vivir. Y lo mismo ocurre al año o a los quince meses.
Por eso recomiendo guardar fotografías de las diferentes etapas. Una secuencia de cuatro meses, cinco meses, siete meses, un año, dieciocho meses y adulto puede mostrar una transformación que, vista únicamente desde el día a día, pasa mucho más desapercibida.
Una fotografía muestra un instante. Puede mostrar un cachorro extraordinariamente redondo a los tres meses o un adolescente de siete meses en una etapa mucho menos espectacular. Ninguna de las dos imágenes nos cuenta por sí sola cómo será ese perro a los tres años.
El Pomerania necesita tiempo para mostrarnos en qué se va a convertir.